Hoy murió un amigo.
Tenía tan solo 26 años y todo un futuro esplendor.
Un día despertó cubierto de moretones y los exámenes arrojaron de inmediato su horrible sentencia;
Leucemia.
Era la herencia familiar.
Un tío, un primo, su abuela y quien sabe cuantos más, habían sucumbido a este cáncer. Mas nunca el presto la atención necesaria a esto mediante algún chequeo medico o que se yo.
Decía que eso, era estar llamando a la muerte, que mejor era preocuparse de vivir la vida apasionadamente siempre, sin tabúes, ni miedos. Y así, cuando llegase el momento de partir, no sentir nunca que quedó algún asunto pendiente.
Dicho y hecho.
El no perdía el tiempo jamás, la vida era demasiado preciosa para malgastar siquiera un instante.
Siempre había algo que hacer, conocer, saborear, vislumbrar…
Cuando lo conocí, recuerdo que beso mi mano y se presentó.
Me llamo José Ignacio, pero dime Nacho no mas, es mas simple y menos siútico, no crees?
Yo tenía 15 años en ese momento y me perdí, como cabra chica que era, en sus ojitos ambarinos y tristones. Y a lo largo de todos estos años fuimos amigos, amantes, cómplices, compinches y confidentes. De el aprendí a no etiquetarme, a no limitar mis intereses, mis sueños, mi ser entero.
Y en este ahora, de el rescato las palabras, que me daran siempre un poquito de calma…
…En sueños nos encontramos…